13.2.”El hombre frente a Dios, el Candombe y los invasores”

“Me desperté alterado, sudando, busqué el reloj en la parte equivocada de la cama…palpando a mi alrededor por fin distinguí algo parecido a un interruptor, la luz…la oscuridad de mis retinas al cerrarse de golpe de nuevo…que hora es? me duele la cabeza, donde estoy? A ver Josep, relájate, respira hondo, piensa…ah, sí, debe ser Lunes, he dormido solo una hora, tengo ensayo en el New World Symphony y me duele todo” Así fue mi despertar hace un par de semanas en Miami. Habia estado hasta las 3 de la mañana, cinco horas, tras 18 de viaje, retenido en la aduana del aeropuerto por un error con mi documento de entrada. Lo cierto es que América acaba siempre consiguiendo su deseo de atemorizarnos, hasta para hacer música. Recuerdo muchos lunes lejos de casa, desconcertantes cuando has viajado más allá de lo razonable sobre el planeta. Por suerte, esta semana la música no me obliga a mucho. Viajo cerca, a Palma de Mallorca, para dirigir un programa realmente espectacular con la Orquestra Simfònica de les Illes Balears. Músicas con una fuerte carga emocional, diversas, pero muy similares en cuanto a su nivel de energía. La Obertura Festiva de Shostakovich, que cada vez me parece más un mensaje de libertad, histérico, histriónico, casi como una burla, pero también con un punto ceremonial. Algunos historiadores afirman que con estas notas el compositor celebra en secreto la muerte de Stalin unos años antes (no se, me parece un poco rebuscado, acabamos relacionando su obra entera con esa idea), pero sí suena de ese modo, y su energía es brutal, me encanta! Sabéis que el maestro la escribió en solo tres días? Impresionante! (Os dejo un link de The World Orchestra conmigo haciendo esta obertura) https://www.youtube.com/watch?v=3R6lYmQlqaE Dirigiré también la 7 Sinfonía de Dvorak, mi favorita! La de los años tristes (en palabras del compositor), melancólica, sin demasiadas grandilocuéncias y a la vez tremenda por esa lucha continua de defensa nacional que late indiscutible en la voz de Dvorak. Toda ella escrita en tono menor, aquí sí es cierto que el maestro se despide de su hijo y su mujer, un adiós intimo y sincero y en el final, cuando por fin el tono mayor aparece enorme, largo, fortississimo, un último grito desgarrador le enfrenta con Dios (no puede ser de otro modo, como el final del Bolero de Ravel, o el Poema del Extasis de Scriabin) Igual que en el poema del segundo movimiento de la Sinfonía Kadiish de Bernstein, “Are You listening, Father? pide explicaciones a la divinidad, sin respuesta… El desasosiego, el miedo o amor a Dios han inspirado las más bellas músicas del mundo. También la música de Piazzola estará en mi próximo concierto. En concreto sus “Tres Movimientos Tanguísticos” Escrita para orquesta de formación no excesivamente ambiciosa, tratada con enorme eficacia, resultado de la época en la que quería ser compositor sinfónico y estudiaba con Boulanger en Paris. Pero os prometí acercarme a la intimidad, y es que con Piazzola viví una experiencia que no olvidaré nunca: Dirigía por primera vez en mi vida, hace ya muchos años, en los 90, el estreno europeo escenificado de Maria de Buenos Aires, la bella “operita”, como Astor la llamaba. En ella, María, representa metaforicamente la muerte y el renacimiento de la vida. En la producción que os cuento, escenificada por los artistas plásticos Hector Vilches y Armando Bergallo, se producía en el escenario un espectacular entierro de la protagonista, como escena previa a su metafórico renacimiento renovado. Pues bién, hasta tal punto era emocionante la versión, su drama, y la música, que en la función 8 de un total de 13, una mujer, joven, británica, encontró en ese momento su propia metáfora para dar al mundo su adiós mas grandilocuente, expresar su lucha interna, su dolor o su incomprensión. Tras disfrazarse de figurante, burlar la seguridad del teatro y subirse a lo más alto en una operación seguramente muy bien estudiada función tras función, se lanzó al vacío para caer sobre el escenario poniendo fin a su vida. Una pequeña nota donde decía sentirse inspirada por “Maria de Buenos Aires” fue el mensaje último de aquella mujer que dejó a todo un teatro roto de dolor. Compartía aquella producción conmigo una magnífica flautista española, de sonido amplio y bello, de enorme sensibilidad musical, me refiero a Júlia Gállego (podéis escucharla en la actualidad en la Mahler Chamber Orchestra), seguro recordará esta aventura con tanto dolor como yo. Las más sublimes emociones, pero también los más bajos instintos, encuentran en la música el camino para expresarse. Piazzola me llevó a Mar de Plata. No tanto Argentina, pero Uruguay, fue y es muy importante en mi vida. Montevideo me cautivó. Mi relación con su Orquesta Filarmónica pasó bellas etapas y este año vuelvo a estar con ellos durante varias semanas en Mayo-Junio. Siempre fue una experiencia inolvidable, la de Uruguay y su gente. Un país culto, europeo, pero con problemas económicos, casi fagocitado por sus gigantes vecinos durante una época, y que parece resurgir con fuerza con su flamante Auditorio del SODRE y el presidente del gobierno más solidario de la historia del mundo. Sus orquestas, debilitadas por la falta de inversión, herederaron la gran tradición Germánica, fueron dirigidas por el inolvidable maestro Kleiber (mi ídolo indiscutible) y tuvieron años de mucha gloria. En el terreno del folk, Uruguay reclama como suyos a tántos maestros del tango, esa música sincera y arrabalera, como su lenguaje. Y en esa lucha “reivindicacional”, Argentina, desde la perspectiva internacional siempre gana de goleada. Para muchos, casi todos, el tango es argentino. Donde no hay duda es en su otro folklore, más fuerte, más visceral, más negro, más aborigen: El Candombe!!! Ritmo brutal, fiesta de música y color, de cuerpos en trance, obsesivo, como las líneas melódicas del Chico, el Piano, y el Repique (sus tres tambores nacionales). Traído por los españoles en sus barcos de esclavos africanos, los troncos se hicieron barriles, los tambores pasaron de cóncavos a convexos, las lenguas se unieron, algunas se rompieron para siempre, las músicas se fusionaron, y el candombe nace como hijo de esa vorágine horrible y bella a la vez, de esa guerra de razas y de culturas, silenciada, en un orden irreal que mantenía la religión importada por los conquistadores. Sólo suyo es, de Uruguay, y a la vez, de todo el mundo, simbolo indiscutible de la interculturalidad. Al principio sirvió como llamada, reclamo, y mensajero de secretos, aun hoy se le define como “La Voz del Tambor”. Conocí a gente muy bella en ese país, algunos de los que huyeron cuando todo se rompió y parecía quedar sólo el exilio y la muerte, me contaban sus historias, y cómo tuvieron que dejar atrás su violín, otros, hombres creativos como Carlos Páez Vilaró, el pintor universal, amigo de Picasso y Marlon Brando, que me habló durante horas en su “palomar” (como él lo llama) donde pinta inspirado por el candombe y sus gentes en esa casa Daliniana que construyó con sus manos, sin arquitectos, ni orden, ni concierto. CASA PUEBLO. En palabras, para mí bellísimas y duras, y llenas de música, narra Páez Vilaró, la crudeza de la llegada de los españoles: “El arribo de aquella flota misteriosa, que aleteando sus velas como extraños pájaros marinos emergió de sorpresa desde atrás del horizonte, provocó el estupor y el temor de los indígenas, puso en vuelo el color de los guacamayos y provocó el chillido de los monos. La música habitual provocada por los propios sonidos de la selva se quebró con el alarido, la estampida y la euforia de los invasores. El ámbito se pobló de graznidos de aves en alerta y animales en fuga, que se entremezclaban con las voces alcoholizadas” Todo eso en nombre de Dios…en fin…nos queda el Candombe. Josep Vicent. Palma de Mallorca. Enero 2013.