Interiores.13.1.Declaración de intenciones.

Parece que esto va en serio! Me alegra! Hasta hace un momento parecía irreal, una idea para el futuro. Lo cierto es que retrasé el momento de inicio, mucho, casi demasiado, arropado por la excusa de uno de mis mil viajes, como pasa a veces con el trabajo frente a una nueva partitura. Una vez traspasada la primera puerta de un nuevo mundo, ya no hay marcha atrás y acepté finalmente el enorme reto que me propuso el director de esta revista: “compartir con nuestros lectores algunas de tus experiencias e intimidades en la música”. Ahora, sentado en esta butaca de avión, por cierto de verdad incomoda, me enfrento al papel en blanco con emoción y sin saber por dónde empezar. Son tantas las aventuras que debo a esta profesión del sonido…así que mi primer gesto será hacer una pequeña declaración de intenciones, me servirá de terapia, para ordenar mi mente y mis recuerdos. Seré sincero y directo, sin complejos ni miedos, y intentaré mantener estas líneas lo más divertidas posibles, sin omitir tampoco las situaciones absurdas que esta bella profesión me ha permitido vivir. Mi ilusión es servir de puente a aquellos que queráis descubrir la música desde otra perspectiva, y mi deseo, que seáis mis confidentes.

Me dedico a esto desde toda la vida, desde que puedo recordar, y la verdad es que no han cambiado tanto las cosas. Los aviones son cada vez más numerosos, y peores; el tiempo de estudio es cada vez más escaso, y difícil de robar al estrés diario; las responsabilidades mayores; y el placer del momento del concierto (tan breve a veces, infinito otras), nunca ha sido tan grande como ahora. Me reafirma en la grandeza de la música, en el poder curativo y la energía del sonido, capaz de recuperarme de la pereza y otros ataques, hasta parecer que una fuerza tremenda corra por mis venas. Confío que ese placer de la comunicación sonora siga creciendo en la madurez, sin esa energía, yo, sería incapaz de empezar cada día.

Y como empezó todo? Soñé que podría llegar a la gente, soñé que a traves del ritmo podría compartir mis propias inquietudes, soñé que esta profesión me haría independiente, me daría fé, incluso, que me haría feliz. Y me dio mucho de eso! Pero sobre todo, inesperadamente, me convirtió en un viajero profesional!!! Les podría hacer una lista de las mejores y más duras maletas de viaje, de las mejores salas de los aeropuertos, de los peores medios de transporte, de las peores agencias de aviación, de los cafés mas memorables, de los mejores camerinos en auditorios inesperados, de los ojos que me crucé en países que nunca soñé conocer (ya mas de 50), de mis miedos, de la tensión antes de un primer ensayo al conocer una nueva orquesta, del placer íntimo y profundo en el estómago, a mitad de un concierto, en un momento clímax de una sinfonía. También del viaje en el sonido, cuando descubres que han pasado 40 minutos en los que perdiste la conciencia, en los que tu alma te llevo a otro mundo, sin tiempo.Y de los grandes ídolos, de los grandes maestros que me decepcionaron (tanto algunos) y de los grandes pequeños músicos que cambiaron mi vida con una sola nota. Les podría hablar también de los muchos días y minutos y meses sin abrazar a quienes más amas, y de errores que cometí (que ésta profesión no perdona), y de momentos tan bellos que parecen inventados, y del cansancio de los viajes que a los otros les parecen experiencias magníficas….y de los amigos, colegas que acompañaron mi viaje desde siempre. Y de mi maleta favorita! Imagino cómo sería en el pasado, cuando maestros como Casals tenían que viajar durante semanas para llegar al destino de un nuevo concierto. Por lo menos, en aquel tiempo, el viaje era vida en sí mismo. Hoy, el viaje, se ha convertido en un calvario, un paréntesis en el tiempo que te rompe el cuerpo y te corta el alma, demasiado rápido para el espíritu, y demasiado lento para los riñones y las piernas. Es cierto que la nueva luz de otra cultura siempre compensa con creces, y que las nuevas músicas, o las mismas desde otra perspectiva, son aliciente indiscutible. En todo caso, desde hoy y durante los próximos meses, voy a hacer lo posible por compartir con vosotros mis más cercanas emociones, mis músicas y mis más íntimos secretos de momentos solamente posibles en los interiores de esta, mi profesión. Atención, aviso a navegantes, os confieso que no se trata de un espacio del todo ordenado, ni construido solamente en la luz, sus sombras son como mínimo, igual de interesantes…ya veréis…

Y estas líneas las escribo hoy desde Miami, tras un viaje demoledor, y cinco horas (les juro que no exagero ni un minuto) demostrando al señor de “inmigration” que a pesar de que mi nombre tiene partes en común, no soy ningún capo de los narcos, por malo o importante que sea. Aterricé en esta tierra inesperada, como una Cuba del Norte, hace unos días, para estrenar la nueva partitura de un compositor español, Joan Valent (seguro conoceréis su música para cine, o el disco que grabamos juntos para Deutsche Grammophon hace escasos meses, Kaiassa). Se trata de una partitura escrita para el estreno oficial de una enorme escultura creada por los artistas plásticos cubanos “LosCarpinteros” (asemeja un gran auditorio, una espectacular obra de arte que me recuerda a Xenakis y su arquitectura sonora, en breve os hablaré de mi experiencia vital con él, como aquel día en que escondí mis notas en su partitura cuando me invitó a dirigir el concierto de su “Unesco Composition Price”). Se encuentra aquí también esta semana, mi admirado maestro John Adams, su música me ha influenciado tanto…Recuerdo, no hace tantos años, cuando me costaba luchar largamente para programarle y hoy, indiscutible, esta dirigiendo en el Symphony Hall de Miami música de Eliot Carter, otro gran maestro americano que nos dejó recientemente. Parece que la muerte es necesidad imperiosa para dar a alguien el reconocimiento que se merece, parece que la raza humana es así de egoísta. Me encantaría que fuéramos fuertes para agradecernos unos a otros la entrega, la pasión, sin esperar al fin ni a que los astros confluyan, ni para beneficiar a ninguna fundación ni para dar bombo a ningún premio de provincias, agradecer de verdad, desde el corazón.

Sabéis, todos y cada uno de los grandes maestros que he tenido la suerte de conocer en estos 27 años de profesión tenían algo en común: todos mantenían la misma actitud, la emoción y la fe frente al proceso creativo. Mantenían la inocencia y el deseo que siente un niño al jugar. Su juventud de espíritu era indiscutible, era el arma que les hacía fuertes para seguir creando. Recuerdo casos concretos de verdad increíbles, como Oliver Messiaen en las sesiones de trabajo con la Orquesta del Concertgebouw para su increíble Turangalila-Symphony, con mas de 80 años! (tuve la enorme suerte de tocar el vibráfono en esa magnifica producción dirigida por Chailly y con Thybaudet al piano) hace ya tánto tiempo. Espero con ansias el momento de poder dirigir esa partitura única que llevo mas de veinte años estudiando, aun no pudo ser. También quedó grabada en mi piel la ilusión y la humildad del maestro Ton de Leeuw en su casa de París con casi 70 años de edad cuando me explicaba los entresijos de su Spacial Music que grabé para “Composers Voice“. Pero la verdad, el auténtico premio que me ha dado la música han sido los momentos alrededor de ella,: los paseos solo, sin nadie con quien compartir, en ciudades lejos…algunos lo sabréis, otros no me creeréis, pero muchas veces, es esta una profesión de la soledad y también de las inseguridades, reforzadas por los centímetros que levanta una tarima de director, millas de distancia cuando aun no hay ojos cómplices entre los músicos de la orquesta y ningún conocido en el público. Seguro otros vivirán esta profesión de otro modo, pero para mí: “solo se justifica el enorme esfuerzo físico y espiritual cuando se vive como un acto de amor”. Eso es lo que es, un intercambio de energía, de amor entre seres vivos. Incluso la mas conceptual de las partituras, solo toma vida al superar las barreras del intelecto, rozar las cuerdas de nuestra armonía espiritual y el equilibrio de su ritmo universal.

Me siento de verdad afortunado al compartir con vosotros, hoy, estas intimidades. Parece da sentido a todo y espero no ser demasiado literario por falta de experiencia. Os dejo dos de mis pequeños tesoros: unas palabras del maestro Ton de Leeuw, que comparto cada día más intensamente (quizá los más de 20 años de residencia en Amsterdam me han cambiado más de lo que podía imaginar) y una foto de mi bien más preciado en esto de la música, mi maleta.

“Después de pensar durante una semana acerca de lo que sería mi credo, tengo una vez más que llegar a la conclusión de que no tengo uno. Los credos suponen convicciones concretas; las convicciones amenazan con menguar el espíritu creativo, construir muros y conducir a monólogos que rellenen el espacio de sobra con vacío. Ton de Leeuw”

Josep Vicent. Miami. Diciembre 2012.Follow my blog on. www.josepvicent.com/blog