¡Os prometo que no lo planeé!

Mi idea inicial no era esa. Salí de gira con la intención de dar conciertos de calidad, pensando en música y en construir verdaderos puentes de emoción con nuestros públicos. Nada más pasó por mi cabeza. La verdad es que a veces la vida da un giro inesperado y aquello que nunca soñaste se acaba convirtiendo en tu principal realidad…ahora os cuento…

 Escribo desde Chile, agradecido a la entrega de los músicos de su Sinfónica Nacional y emocionado con mi debut frente a un programa integral con música de Bach. ¡Qué experiencia inolvidable está siendo! Esta música indiscutible está de verdad creándome nuevas inquietudes y presentándome el pulso de un camino nuevo. Una música tan antigua ¡y tan rematadamente moderna a la vez! ¡Cómo suena una fuga a buen tempo cuando viaja por todas las secciones de una orquesta sinfónica sin complejos! Es mas electrico que Frank Zappa! Stravinski, Elgar, Webern, Reger, todos dejaron una mirada sinfónica al repertorio de Bach, y estos días me estoy empapando de cada una de esas visiones. Os animo a descubrirlo. 

Pasé, estas ultimas semanas, una etapa difícil. Después de haber construido un sistema de trabajo y comunicación con algunos de los representantes de la cultura en las Islas Baleares, desde mi  nombramiento como titular hasta hoy, un cambio en la dirección política ha hecho que fueran sustituidos en sus cargos. Sin prejuicio ninguno para los nuevos que entren, con quienes por supuesto trabajaré con toda mi energia para bien de la orquesta  lo cierto es que en un proceso creativo la continuidad es la clave para el éxito. La relación directa que hay entre los cargos de la gestión cultural y los partidos políticos es negativa para un proceso bien construido, sano, eficiente y potente a largo plazo. Hace falta tiempo, tiempo, tiempo, y más tiempo para generar estructuras que optimicen resultados en un sector tan dificil y dañado. Ojala que esta necesidad, que es resultado del análisis, sea entendida de una vez por todos los sectores sociales y políticos y se aplique definitivamente esta manera de hacer logica.

Por eso hoy, en estas semanas un poco convulsas que vivo, con problemas que dificultan a veces el proceso creativo con mi estimada Sinfónica de Baleares, (y que espero que estén solucionados cuando me podáis leer) me alegra aún más poder contaros de primera mano el enorme éxito que ha tenido el equipo de East West Music y la Fundación World Orquestra, y que me dio  la enorme sorpresa que os comentaba al principio. 

Ni lo planeé ni era esta mi intención, pero cuando escuché por primera vez en aquella tierra de nadie, de gente de verdad pobre, donde pensaba que acudíamos para dar más que para recibir, aquellas voces únicas, comprendí que estaba delante de un grupo excepcional; un coro cuya capacidad rítmica, cuya fuerza escénica y amor por lo que hacía era realmente excepcional. Sentí el peso de la responsabilidad cuando me explicaron que este tipo de grupos no eran bienvenidos en los auditorios serios de aquel país. Que sí, que estaba muy bien, pero que su actividad se limitaba a la participación en pequeños festivales regionales sin ningún tipo de alcance y que la situación real humana y social de aquellos niños y familias estaba al borde de la desesperación. 

Empezamos a luchar. ¡Había que subirles a los escenarios! Había que presentarlos en los auditorios donde la Orquesta actuaría los días siguientes.

- ¿Qué? ¿Qué dice el maestro este, español? ¡De eso nada! ¡No puede ser! La gira está cerrada, la publicidad mandada, la gente compró entradas para algo diferente.

- Que no, que no digo eso… que mi intención es añadirles al concierto, 15 minutos al final, para presentarles… Que su gente conozca lo que hacen. Tranquilos, seguirá sonando Prokofiev y Barber y todo lo demás…

 - ¡He dicho que no y es que no! A esos niños no les corresponde actuar en ese escenario…

- ¿Pero ustedes que se han creído? ¿por qué?

Bueno, para no extenderme y resumir: Varios días de broncas telefónicas exhaustivas, todos parecían en contra: agentes, gestores culturales, hasta algunos colegas…

 Por fin, sin avisar, el día X subían al escenario esos 146 jóvenes al final del concierto… 

¡El éxito fue rotundo! Bises y más bises, el público en pie bailando la coreografía que les sugería el ritmazo de aquellos cantantes excepcionales cuya naturalidad me dejó abrumado…

Bueno, ¿final feliz? Pues aún no termina aquí la historia…

El día después, sin perder ni un minuto, mi equipo excepcional empezó a trabajar sin pausa, con toda su energía y capacidad de influencia, hasta esta misma semana, y hasta conseguir que el gobierno de su país les ayudara por primera vez en su historia para sacarles al mundo, desde su sur más al sur y llevarles a Europa para ser presentados en algunos importantes festivales de verano. ¡Mi sueño inesperado hecho realidad! 

¡No tengo palabras suficientes para agradecer este grandísimo regalo de mi equipo! Y no tengo palabras suficientes para expresaros lailusión que me hace y la energía creativa que se acumula dentro de mi espíritu musical, pensando en esos conciertos juntos que haremos el próximo mes de agosto.¡Gracias, gracias, gracias! por cierto estáis todos invitados: Grachten Festival en Ámsterdam y Lowlands Festival en Flevoland.

 En esta época, las sorpresas en esto de la música pesan a veces, por malas y inesperadas, pero las positivas tienen tanto más valor que se multiplican por mil.

Así que hoy, desde mi hotel en Santiago de Chile, mientras os escribo, no puedo más que invitaros a ser optimistas: un nuevo amigo, la luz de un ensayo, la sonrisa de un colega, el abrazo de un seguidor, un café en un bar de una esquina en una ciudad inesperada, el regalo de un sonido lleno de amor, un paseo después de una función…

Añadid vuestros momentos a esta pequeña lista de placeres inesperados.

¡Seamos optimistas!

Os dejo que tengo concierto…

Por  Josep Vicent