LECTURAS CONTEMPORÁNEAS

Si algo evidenció el octavo concierto de la temporada de abono de la Orquesta Filarmónica de Málaga es que Josep Vicent pertenece al selecto grupo de aquellos que personifican la concepción moderna de la música clásica; y con ello, la esperanza de su pervivencia como algo más que una reliquia. Con una versatilidad que le permite dirigir hoy en el Teatro Real y colaborar mañana con la Fura dels Baus, practica una especie de mestizaje cosmopolita rabiosamente contemporáneo y, a la vez, respetuoso con la tradición. A estos efectos, careció de importancia que el programa volviera sobre lugares comunes (Mussorgsky, Tchaikovsky) o composiciones de segunda fila, aunque hermosas al fin y al cabo (Glière, o de cómo el colectivismo anula la creatividad). Precisamente, fue la interpretación del repertorio clásico sobre esquemas y estructuras contemporáneos lo que resultó estimulante. Sin menoscabar un ápice la coherencia de la obra, Vicent dota a los distintos pasajes de una lógica interna propia, conformando unidades significativas autónomas.

Asimismo, los silencios ejercen una extraordinaria violencia sobre el discurso, que queda fracturado, para ser retomado después ya como una nueva unidad de significado. La sucesión de registros es sorprendente; muestra unas obras poliédricas, susceptibles de otras lecturas -de una segunda vida- que escapan al ethos romántico o que, incluso, pueden convivir con él, como el finale de la Quinta de Tchaikovsky. En el plano concertante, Vicent y la OFM se mostraron como una excelente compañía para la arpista Cristina Montes, de cuyas manos brotaban frágiles matices apenas sugeridos por la cuerda sabiamente pulsada, así como melodías de virtuosista fluidez, entablando un fecundo diálogo de sensibilidades con la orquesta.

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